Los peces ya vuelven a beber en el río, las campanas de Belén ya suenan, hacia Belén ya va la mula rin! rin! mientras que el camino a Belén lo voy marcando con mi viejo tambor rom pom pom pom! y... Belén y Belén y más Belén y estoy hasta los cojones de oir esta palabra. Peeeeero, no importa, porque ya llegó la Navidad y la madre que la parió... y en estas fechas, ya se sabe... no hay que enfadarse.
No sé si se nota pero no me gusta la Navidad. Yo comparo estos días como un porro... como un GRAN PORRO: todo es muy bonitooo... oohhh las luces de colores, todos somos felices, todos somos amiguitos y ooohhh, y más ooohhh, y todos nos queremos y oohhh... paz tío, y veeeenga a comprar y a dar regalos y a comer... y como es Navipeig, llamas a ese colega con el que te has cabreado a muerte para desearle felices fiestas y lo invitas a tu casa y después vas tú a la suya, y aunque os sigáis cayendo como el culo, te contienes, porque es Navidad. Eso sí, estás esperando que llegue con ansias el día 7 de enero para decirle: ¡Anda y que te jodan, gilipuá! (gilipollas en francés).
La decoración. En serio... es que me da la risa de lo absurdo que me parece todo. Se me hincha el escroto de ver tanta bolita junta, tanto lazito que si figuritas, velitas, angelicos, estrellitas, que si serpentinas por ahí, que si espumillón por allá. Y suerte que en mi casa aún se contienen bastante a la hora de decorar, lo digo por que a veces ves cada casa que parecen auténticas ferias, que sólo entrar por la puerta ya ves un cartel luminoso mega grande que pone: ¡FELIZ NAVIDAD!, con 300.000 bombillitas chiquitinas, muy monas ellas todas juntitas, chispeanteando, y más bombillitas en los marcos de las puertas, ventanas, luces en el árbol, vamos que hay lucecitas hasta en los cojones del inquilino, y todas haciendo intermitencia a libre albedrío... que te quedas pensando: Espero que aquí no viva ningún epiléptico porque las va a pasar putas.
El árbol. Yo no sé en las demás casas que pasará con los árboles, pero en la mía, tenemos uno de plástico de hace al menos 79 años, ya venía con la casa (de hecho, creo que si comprabas el árbol te regalaban la casa). Pues siempre me toca montarlo a mí no te jode... cada año igual, cada puto año igual. Además, yo soy alérgico al polvo... y anda que no hay mierda en esa caja... capas y capas de mierda acumulada (el año pasado estornudé tan fuerte que se me salió un trozo de pulmón por la nariz). Esta es la escena: Mi padre apoyado en la chimenea alimentando el fuego, el perro enrollado a sus pies, la mesa del comedor llena de chuminadas y gilipolladas navideñas (adornos) mi madre sentada en una silla diciendo: esa bolita allí, no pongas dos lazos azules juntos, el ángel súbelo más, ponle más espumillón, baja esa rama, sube la otra... y yo descongestionado perdido, estornudando como un poseso, con mi peor cara de asco, refunfuñando como un viejo, cagándome en la Navidad y en las bolitas de los cojones (cagándome por dentro claro está, que es Navidad y no lo puedo soltar pa' fuera).
En fin... FELICES FIESTAS